En el corazón de Huertas ha abierto un espacio que no promete felicidad. Ofrece algo más raro, más honesto y, quizá por eso, más necesario: comprensión. Llorería Club nace como un refugio emocional con barra, un lugar donde la queja no solo está permitida, sino legitimada. Aquí el drama no se romantiza; se comparte. Las pequeñas derrotas cotidianas no se esconden, se convierten en relato. Y la risa, lejos de ser frívola, actúa como un alivio compartido.
No es un bar temático ni una escenografía del malestar. Es una experiencia construida desde la ironía, el humor sutil y la empatía. Pensado para quienes viven cansados, pero siguen adelante; para los que sobreviven a correos pasivo-agresivos, reuniones que podrían haber sido un email y resacas que duran más de lo razonable. Llorería Club propone algo inusual: un lugar donde no es necesario fingir que todo va bien.
“Queríamos crear un espacio incómodamente honesto, divertido y necesario. Un sitio al que se entra por curiosidad y se permanece porque uno se siente entendido”, explica Sheryl Costa, directora y alma del proyecto.
El concepto se articula en torno a algo tan simple como universal: la queja. La del trabajo, la del cuerpo, la de la vida adulta. Aquí no se buscan soluciones inmediatas ni consignas motivacionales. Se busca catarsis. La queja no se corrige, se comparte. El drama no se cura, se transforma en humor. Lo negativo no se niega, se resignifica. En Llorería Club, verbalizar el cansancio no es una debilidad, sino una forma de conexión.
La propuesta líquida acompaña este discurso desde la emoción. En un contexto donde la coctelería suele priorizar la técnica o la puesta en escena, aquí se apuesta por el relato. La carta se define como una coctelería de autor emocional, construida a partir de botánicos aromáticos, hierbas calmantes y sabores reconfortantes. Cada cóctel nace de una emoción reconocible —ansiedad, estrés, desamor, agotamiento—. No promete curas milagrosas, pero sí un alivio breve y una sonrisa sincera.
En este espacio, la bebida deja de ser un fin para convertirse en un gesto. Un pequeño paréntesis sensorial que acompaña el relato íntimo de quien se sienta en la barra. Menos artificio, más cercanía. Coctelería de autor basada en emociones como el estrés, el desamor o el cansancio vital. Con cócteles tan acertados como “Me merezco algo mejor” con frutos rojos, rosas e hibiscus. “Lágrimas de oficina” con whisky, café, choco galletas, caramelo/ galletas, “Decisiones Irresponsable” con mezcal, vermouth dry, higos, miel y queso.
El equipo completa la experiencia. Junto a Sheryl Costa, perfiles como Iria Pérez, Emiliano y Jeam Pierre Zuritaentienden la hospitalidad como una práctica emocional, donde servir es también escuchar. En Llorería Club no se consumen solo cócteles, se comparten estados de ánimo.
Lejos del victimismo vacío, de la toxicidad impostada o del sarcasmo fácil, el espacio propone honestidad, humor inteligente y la reconfortante sensación de no estar solo. En una ciudad que rara vez se detiene, Llorería Club invita a sentarse, bajar el ritmo y soltar lo que pesa.
Llorería Club “Coctelería”
Dirección: C. de las Huertas, 51, Centro , Madrid
Precio medio: 10 - 20€