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FOTOGRAFÍA PROFESIONAL
OJO CRÍTICO

ANNA WINTOUR

Madame Medusa y unas gafas super size.

30 de abril de 2018

Estos últimos días han sido bastantes complicados y yo, perdida como en un bolero, con mucho ajetreo, dos mudanzas, algunos disgustos, rebosante tensión y bastante zozobra, me he empeñado en recrearme con noticias leves y amenas que, sinceramente, no abundan ni en el panorama nacional, ni en el internacional, ni en ninguno que conozcamos en esta galaxia nuestra; más que nada, por aquello de desactivar el modo cerebral olla rápida con chorro de vapor orejero incluido, de tanta presión que acumulaba.

Y dicho y hecho; mientras firmaba certificados, corría a las notarías y bregaba con las cajas de las mudanzas, he superado largas noches en vela enganchada, como un koala, a los rumores sobre la salida de Anna Wintour como directora de Vogue América. La noticia perfecta a seguir, en mi situación de “no quiero saber nada de dramas horribles, ni tragedias de ningún tipo”. Pero no podemos dejar de otorgarle su importancia y mucha, porque Wintour es un personaje más que único y un fenómeno de poder e influencia global (casi intergaláctico) tras esos prodigiosos veinte años manejando el mundo de la editorial de moda, con idéntica manita de hierro que el mismísimo canciller Von Bismarck.

En general, se han vertido noticias contradictorias que no han conseguido desvelar esas oscuras razones que los medios suponían. Como toda estrella mediática se merece, se han barajado motivos de todo tipo y color... desde venganzas políticas procedentes del círculo Trump, por manifestarse claramente seguidora de Hillary Clinton, a temas personales escupidos desde la más acerva inquina de sus haters que, a la sazón, se arraciman por miles. Por supuesto y como siempre, toda conjetura se oficializa majestuosamente manejando fuentes oportunas o extrañas estadísticas que la disfracen de creíble y cualquier noticia, por dudosa que sea, se torna más fiable si el/la protagonista del rumor ya no es, lo que se dice, joven. Siempre resulta cómodo atribuirle cansancio y fin de emisión, como la Televisión Española de los 70 que, si o si, acababa a las 12 de la noche con rayitas de colores y cuadraditos en blanco y negro.

Sin embargo, al final y una vez más, parece ser que esta información ha sido un fake como los miles que pululan, sin control, por periódicos, redes y medios world wide. Aunque... ¡cuidado!... que en la industria de la Moda, raro es dar puntada sin hilo (nunca mejor dicho) y estos chismes, me parece a mí, que son la materialización de un oscuro enredo para derribar a esta gigante que emana talento por cada uno de sus cuidadísimos y tratados poros.

Wintour, sin duda, es y ha sido siempre, diana de muchos dardos cargaditos de ponzoñas variadas pero, por encima de todo, es la genuina Seño y, supongo yo, que da mucho sustito así como empujarla... que el miedo es amplio y libre, queridos. He dedicado noches de insomnio, con ojo cual mochuelo, imaginando a sus más enconados enemigos con cara de emoticono asombrado, correteando por los despachos y agitando el ejemplar del New York Post que dio la noticia; escondidos por los baños en incrédulos grupitos muy fashion y murmurando por lo bajini y entre dientes... no fuera a ser que el experto Gran Hermano Conde Nast los cazara, cuchicheando en el chismerío, como a conejetes.

Poooobres... se habrán quedado de lo más desilusionados...ea, ea ,ya pasó, ya pasó...

Ellos... que ya se veían sentados en el sillón de jefazo de Vogue, dando órdenes a esa corte más que infinita de empleados siempre deseosos de agradar y de no cagarla, por aquello de seguir manteniéndose en el hit parade de la tendencia internacional. Todo un sueño, supongo, manejar el Imperio a golpe de ceja y mirada heladora; que me sé yo que ya andaban ensayando lo de dar instrucciones a gritos, repiqueteando uñita en la montura de unas gafas super size compradas a última hora, por si les tocaba en suerte sustituir al mito inaccesible.

En la película El Diablo viste de Prada, Meryl Streep interpretó a una Wintour soberbia y omnipotente, en un ejercicio ácido y descarnado que mostró su cara menos amable; una leve caricatura de, sinceramente, la más absoluta realidad. Anna ha entronado a diseñadores, celebrities y modelos con la misma facilidad que ha tirado a otros a la basura condenándolos al olvido y la transparencia más absolutos. Todo, como quien coge un taxi levantando la manita en la 5th Avenue , sin mucho aspaviento y sin más explicación que la suma de los inmensos aciertos nacidos de su intuición y convertidos, de inmediato, en tendencia perfumada con el olor del éxito y el dólar... ¡Hagamos caja señores!... Y, claro, a una persona así, con el poder más absoluto en sus manos, permitiéndose excentricidades y protocolos propios fuera de toda norma, o se la ama o se la odia con la misma intensidad y, casi siempre, todo junto y al mismo tiempo.

Si el mes pasado arreaba yo, con contundencia, a las manifestaciones feministas de lo más bizarro porque, ni comparto ni entiendo sus exigencias respecto a las mujeres en la sociedad y el mercado... que de eso se trata, no nos engañemos, de una cuestión de mercado y talento... en esta ocasión, me pliego en una enorme reverencia ante esta poderosísima mujer que ostenta un grado cuasi de capitán general condecorado. Siempre respaldada y antecedida por su valía, su firmeza, su profesionalidad, su intuición y sus logros. ¡Amén!

Y conviene recordar que mujeres como ella han hecho más por los derechos de todas que mil tamborradas o voceríos a megáfono abierto. El poder de Wintour es el lógico reflejo de un cerebro primorosamente amueblado, ejercitado a base de trabajo duro y con la constancia que hace perdurar el talento. Un mito se sustenta en su propia e infinita iluminación, cualquiera que esta sea. Pero lo de tener una intuición reveladora, no dejar nada al azar y trabajar como si no hubiera un mañana, se convierte en el interruptor que pone la máquina en ON. No me vale con ser muy guapa y muy lista, ni con exigir porque si, ni porque yo lo valgo. Nada es gratis y si se da la turra con que a las mujeres nos miden con otras reglas, conviene ver cómo a algunas, el factor género les da más que bastante igual porque, en definitiva, ya han comprendido que lo importante es esa masita gris que sujeta divinamente los sombreros. Y esa no tiene sexo.

Y si no... que se lo pregunten a Madame Vogue, que de esto sabe un rato. Para ser Wintour hay que ser Hillary y Trump, Elizabeth II y Wallis Simpson, Galliano y Balenciaga...hay que no perder el equilibrio para mantenerse en el centro, midiendo los extremos, bregar exquisitamente a dos manos y ser capaz de racionalizar la genialidad de otros con mano de hierro y guante de seda... Por eso es única e insustituible. Por eso es ejemplo y mito. Por eso ni chilla ni exige...no lo necesita.

Porque con bajarse un poco las gafas super size para dedicarte tremenda mirada, te vas a creer que te está examinando la mismísima Medusa...

Y no la de Versacce precisamente...

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Publicado por: MÓNICA OCHOA

30|04|2018.

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