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FOTOGRAFÍA PROFESIONAL
OJO CRÍTICO

I PHONE...¡QUIERO SER ARTISTA!

O cómo ser fotógrafo a golpe de tecla.

29 de enero de 2018

Este mes estrenamos sección, la fotógrafo Mónica Ochoa nos deleitará con sus reflexiones sobre el mundo de la fotografía, la moda y todo lo que se le pase por la mente. Mónica estudió Geografía e Historia y Diseño de Moda especializándose en Historia del Traje. Comisaria y Catalogadora de Arte, reparte su tiempo entre el Arte y la Fotografía. Acaba de publicar su primer libro "Diario de una artista en crisis" y está preparando el segundo.

Aquí va su primer artículo esperamos que os guste:

No soy yo muy aficionada a Instagram, la verdad, porque tanta actividad en la red me da... no sé... como pereza; pero a veces, confieso que me entra como gusanillo y me meto a cotillear un poco. Invariablemente termino sorprendiéndome por la cantidad de fotógrafos que se ha perdido el mundo, pero luego me llega la iluminación y me doy cuenta de que, en realidad, lo que querría es conocer y aplaudir con arrebatamiento a los inventores de los tuneos digitales; y es que no tienen ni idea, cuando dan los premios Princesa de Asturias a la Investigación Técnica, lo que se están dejando por el camino. Y si solo fuera en Instagram, pues vale, me lo quedo. Pero es que abres una revista y hay como una furia divina de fotos llenitas de edición photoshopera que asusta un poco, porque con tanta capa de retoque, además de parecer la tuna de Salamanca, cada una debe pesar, algo así, como un menhir.

Y es que todo ha cambiado tanto que no me entero. Cada vez que en una cena alguien comenta que soy fotógrafo, no falla el espontáneo que, solicitamente, me pregunta qué me parece la XRC-5ix que se acaba de comprar. Y yo, con carita de pasmo, suelo preguntar ilusionada si es un coche, porque eso me anima y me interesa; y es que soy yo muy de coches, he de reconocer. Sin embargo, al final tristemente comprendo que me habla de una cámara (¡claro coño...soy fotógrafo) y se me desencaja la mandíbula de los bostezos. Y, entre boca abierta y baba cayendo, contesto la verdad más decepcionante: que yo la mía la uso en manual como si fuera una analógica de siempre y sin tocar ni la configuración... admito. Prometo de verdad que no quiero hacerme la interesante recordando cuando los estudios de fotografía eran templos en los que se bregaba con diez mil variables: película, diagfragma, velocidad, grado de papel, dilución, tiempo, revelador y viradores: porque si lo pienso mucho, me mareo con tanta cosa. Lo cierto es que no se me ha dado mal adaptarme a estos tiempos digitalísimos y, además, ojiplática sin fin cuando me veo que no pago ni una película ni una hojita de contactos (¡pobres laboratorios!) Ahora, cuando voy y lo pienso un poco, me convenzo de que entre Juan y Juanillo hay un mundo por conocer.

Bueno, al fin y al cabo, una cámara con nombre digno de un concesionario de Carlos de Salamanca es cámara, al fin y al cabo, aunque dé un poquito de risa tanto pedigree. Pero los que que si me tienen loca, loquita del todo, son los teléfonos inteligentes...¡toma ya! Porque en vez de llamar a mi tía Luisa, que anda sola por su casa deseando invitarme a comer, hago una foto en la calle, la tuneo, la cuelgo y me queda mejor que a cualquiera que se haya pateado la vida en estudios y laboratorios...Uffff... ¡Viva la vida...y la tecnología! Si es que no se puede ser antiguo.

Así que como propósito para este año, prometo que voy a entrenar estos ojitos que tengo para mirar las editoriales de moda abarrotadas de jóvenes bellos, sin edad ni sexo; que estoy viendo yo que eso pasa cuando metes mucho filtro antiarrugas... que se sube así como el botox y me encanta, porque se convierten en figuritas tipo Museo de Cera de Benidorm (mirar urgentemente en Google, porque es genial) Y es que hay que reconocer que el filtro soft focus mola hasta la extenuación.

Solo una cosita y, de verdad, que no quiero ser toca pelotas ni fantasma del pasado; un asunto es la tecnología y otra, el ojo del artista. Y si no que se lo pregunten, por ejemplo, a Koldo Chamorro; nómada irreductible sujeto a su Leica con una cuerda al cuello y sin más ciencia que un alma llena de miradas. O a Miguel Oriola, paridor de imágenes tan sugerentes y mágicas que, en ellas, la piel se convierte en un circo de cinco pistas con orquesta y todo, capaces de humedecer las miradas más estrictas... Aún le recuerdo poniendo papel de plata en las paredes de su salón para reflejar las luces. Ay...¡que boba!....si es que entonces no había filtro brillo...

Pero bueno, ya de vuelta a la realidad, voy a tener que dejaros, así sin mucho remilgo, porque tengo que irme zumbando. Que es que me cierran la tienda y encargué antes de ayer dos cositas, que no puedo ya ni respirar de la ilusión que me hacen. Me he comprado un móvil, no ya inteligente, lo siguiente de lo siguiente (con cámara incluso submarina) y una XRC-5ix que me tiene de los nervios. Y es que si no llego, me va a dar como un ictus rarito de la ansiedad. De esta os digo yo que triunfo en Instagram y si me pongo, me abro un blog como influencer de temas fotográficos y lo peto del todo.

Ya os iré contando....

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Publicado por: MÓNICA OCHOA

29|01|2018.

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